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LA VOZ NACIONALISTA

Réquiem por Aerolíneas Argentinas y Austral

Réquiem por Aerolíneas  Argentinas y Austral

 

Aerolíneas Argentinas ya es la peor línea aérea del planeta. Para colmo, miles de argentinos aún no comprenden que comprarle pasajes no solo es un mal negocio a la hora de planear vacaciones, sino que con ello solo se alimenta a la avaricia y la corrupción de los gremios aeronáuticos y del propio Gobierno Nacional. Es la hora de boicotear a AA.

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Postales que se repiten, tanto en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza -Ministro Pistarini- como en el Aeroparque Jorge Newbery : niños llorando, jóvenes durmiendo en los mugrientos suelos y los más grandes -hombres y mujeres por igual- amenazando de muerte a los ineptos empleados del mostrador a viva voz.

Y, como no podía ser de otra manera, el desastre remite a Aerolíneas Argentinas y su hermana menor Austral. O, mejor dicho, la responsabilidad primaria por el descontrol le cabe tanto a la Administración Kirchner como también a los desgastados gremios aeronáuticos.

Ya la Presidente Cristina Fernández de Kirchner finiquitó oficialmente la entrega de nuestra "aerolínea de bandera" a los conocidos grupos de mafiosos de siempre, esos que se han ganado aquí la etiqueta de "asociación ilícita", mientras que en Estados Unidos los compararían abiertamente con el crimen organizado. Léase, Ricardo Cirielli (APTA, Asociación de Personal Técnico Aeronáutico), Ariel Basteiro (diputado socialista del kirchnerismo y ahora directivo de AA), Pablo Biró (APLA) y Pablo Dolagarat (APA). Victimarios del turismo local y referentes de la vieja política y el prebendario gremialismo quienes, de aquí en más, continuarán haciendo su negociado a partir del sufrimiento del pasajero.

Si la "aerolínea de bandera" tiene relación directa con la imagen de un país, pues entonces basta ver lo que sucede con Aerolíneas Argentinas para entender cómo se manejan las cosas en la Argentina.

Por sobre todo, la ironía y el cinismo siempre encuentran su lugar en esta historia. Por estas horas, los vuelos de Aerolíneas y de Austral se suspenden diariamente -en plenas vacaciones de invierno- y con una cadencia extraordinaria. Los harto ineptos empleados de las aerolíneas responden con burlas a los pasajeros que esperan por embarcar y que consultan por el estado de sus vuelos. Como es lógico, entendible y más que aceptable, el pasajero responde. Y a veces lo hace con violencia. La respuesta del gremio -varias veces han procedido de esta manera- : promover a un paro, denunciando las agresiones físicas y el "acoso" de que son víctima por parte de los vacacionistas.

Pero esta operatoria ahora ha aflojado, a partir del logro ya obtenido. Ocurre que este siniestro plan fue puesto en funciones desde el primer día en que se hizo cargo el grupo Español Marsans. Aunque los gallegos no tienen defensa posible. En la Argentina se sabe mejor que en ninguna parte que los españoles son la tribu más ineficaz del planeta a la hora de hacer negocios. Han hecho desastres con Iberia, las aerolíneas locales y luego Telefónica. El ser de negocios español no sabe crear riqueza en condiciones de libre competencia. Ante todo, gusta proceder igual que en la Península : o se desenvuelve en un ambiente pleno de favores políticos y monopolio o bien no invierte y se lleva su dinero a negocios especulativos. En América Latina, por ejemplo, Iberia y otros grupos empresarios se hicieron con el control de las principales líneas aéreas, solo para destruirlas o vaciarlas. El objetivo -y principal capital- siempre son las rutas.

Aquí, en la Argentina, se pasa de la sartén al fuego. O de Guatemala a Guatepeor. Terminamos en manos de lo peor del gremialismo argentino. Muchos se han preguntado -ahora que los sindicatos han expulsado a Marsans-, ¿acaso ahora Aerolíneas Argentinas se convertirá en una línea aérea de primer nivel, compitiendo directamente con American, United, Qantas, LAN, etc.? Repito : ¿Podría ir a alguna parte una aerolínea controlada por gremialistas corruptos y trabajadores ineptos y maleducados? No vale la pena responder.

Peor aún : los referentes del prebendario sindicalismo aéreo han referido que los recientes problemas de sobreventa tienen su origen en la incapacidad de los españoles para anticipar el escenario de demanda. Lo cierto es que los mismos empleados vendieron tickets más allá de lo que correspondía. Desde un primer momento, los "trabajadores" que motorizaban el paro tanto en AA como Austral conocían a la perfección el estado de las máquinas. En reiteradas ocasiones, los pilotos -por citar un gremio- decidieron no volar, en protesta por el pobre mantenimiento de las unidades. Ahora sucede que, súbitamente y de una semana a la otra, la sociedad se entera de que solo existen 29 aviones disponibles y en condiciones de volar, sobre una flota total de 69 aparatos. ¿No sabían esto los gremios a los que tanto les preocupa el negocio y el pasajero?

Los mismos referentes de los sindicatos confirmaron que, en los primeros días de vacaciones de invierno, los empleados trabajaron para poner en el aire -contra reloj- un total de seis aviones, para así poder cubrir algunos vuelos más. La estupidez monopoliza hoy los micrófonos. El metamensaje para el turista es : "Si acaso este avión se caerá, solo Dios lo sabe. Mientras tanto, le ofrecemos apostar su vida. De lo contrario, seguirá esperando". Patético, pero cierto.

Más grave aún -porque de este análisis nadie debería salvarse- : aún existen personas de bien (aunque con pobre materia gris) que continúan comprándole a Aerolíneas Argentinas y a Austral. Ridículo. El compromiso más importante que debiera tener ahora el ciudadano es boicotear con todo su esfuerzo a lo que ha quedado de las aerolíneas locales, hasta tanto lo peor del gremialismo no saque los pies del plato. No hay muchas opciones para trasladarse por el país por vía aérea, aunque siempre está la alternativa de LAN. Los precios de la compañía chilena suelen incluso ser inferiores a los que ofrece Austral. Lo propio sucede con Aerolíneas, en comparación. No se comprende por qué alguien debería pagar más caro para transitar por los más variados pasillos del propio Infierno : maltrato de los empleados del check-in (cuando se presentan, claro está); la casi certeza de que su vuelo se postergue o cancele; una vez a bordo, el maltrato de las veteranas y desagradables azafatas -a las que no se puede despedir aunque tuvieren ochenta años, gracias al en extremo benévolo sistema laboral argentino-; una vez llegado, que su equipaje esté en el aeropuerto del destino y que no le haya sido arrebatado por los barrabravas de InterCargo. Algunos pensarán que la Pasión de Jesucristo empequeñece al lado de la descripta aquí.

Incomprensible es que los empleados y los sindicatos de las aerolíneas locales insistan en que los argentinos viajen por AA o por Austral. Tarde piaron. Pero más incomprensible aún es que los turistas sigan comprándoles.

Peor todavía : quien viaja por AA o Austral arriesga la propia vida y la de su familia, y rara vez se percata de ello. Las autoridades militares y civiles que se desempeñan en las terminales aéreas del país -especialmente Ezeiza y Aeroparque- aún no comprenden cómo no se han producido nuevas tragedias como la de LAPA. Expertos opinan que esa situación es consecuencia directa de la baja actividad económica, por cuanto, si el tráfico aéreo fuera el de los tan denostados noventa -cuando el desaparecido 1 a 1 disparó la cantidad de vuelos al exterior-, los operadores no resistirían tal volumen de trabajo y ello, sumado a los problemas técnicos y a la baja preparación de los empleados que se desempeñan en mantenimiento, incrementaría notablemente las chances de ver aviones estrellándose y el interminable conteo de centenares de muertos.

Los sindicatos, luego de años de perjudicar al pasajero, ahora se acuerdan de que deben servirlo. Increíblemente, hasta se atreven a declarar ante los medios que "no se toman vacaciones" para hacer que los vuelos salgan. Hace años, no se tomaban vacaciones para fomentar paros y cortar la autopista a Ezeiza de la mano de los insufribles y corruptos hermanos Basteiro.

Aún cuando todos los empleados de nuestras alicaídas aerolíneas pierdan sus puestos de trabajo, lo correcto es que cada ciudadano del país elija cualquier otra manera de viajar, que no involucre a AA ni Austral. Existen otras líneas aéreas y también existe el transporte terrestre -claramente más seguro que viajar en nuestros aviones-, para aquellos casos en que no haya urgencias.

Solo así, los gremios aprenderán. Aerolíneas y Austral son de los argentinos, no de los sindicatos.
                                                Ricardo White de El  Ojo Digital

 

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